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El parabrisas aporta el 30 por ciento de la resistencia estructural del automóvil e impide, junto con los montantes laterales, que el techo se hunda en caso de vuelco. Además, el airbag del acompañante utiliza el parabrisas como elemento de soporte si se despliega.
La huella de un impacto en el parabrisas, por pequeña que sea, reduce su resistencia hasta en un 70 por ciento y puede derivarse con el tiempo en una peligrosa grieta, debido a las tensiones que soporta el vehículo al circular y a los cambios de temperatura y humedad ambiental.
La mayoría de las pólizas incluyen las lunas
La mayoría de los conductores conocen la peligrosidad de circular con un coche cuyo parabrisas está “lesionado” y suelen asegurarse de incluir en sus pólizas de seguros la cobertura de lunas con o sin franquicia – también porque las laterales y trasera no admiten la reparación, sólo la sustitución–, pero no todos saben cuándo se puede reparar el impacto y cuándo la sustitución es inevitable.
Un poco de historia
La posibilidad de reparar el daño de un parabrisas viene de la mano de las nuevas tecnologías aplicadas al vidrio, más concretamente el vidrio laminado. Hasta 1940 los parabrisas usados en los vehículos automotor caían hacia delante al momento de un impacto, después empezaron a utilizarse los de vidrio templado que estallaban y se desprendían en multitud de pequeños fragmentos, con el consiguiente riesgo para el conductor y el acompañante.
Vidrio laminado
El avance tecnológico nos trajo hace más de 15 años el actual parabrisas de vidrio laminado. Está compuesto por dos láminas de cristal unidos entre sí mediante una lámina de plástico (Polivinilo Buteral) o PVB. Si una luna laminada recibe el impacto de un objeto extraño, normalmente solo rompe la capa exterior del cristal, dejando la interior intacta, apareciendo unas pequeñas fisuras. Y en el caso de un impacto grave que rompiese las dos capas de vidrio, se mantendrían totalmente en su sitio, quedando prácticamente todo el cristal "pegado" en el PVB.
¿Cuándo se puede reparar un parabrisas?
Con la utilización del vidrio laminado se abrió la posibilidad de recuperar el parabrisas sin necesidad de sustituirlo en los casos de pequeños impactos y según unos requisitos específicos:
- Que el tamaño del impacto no supere el de una moneda de dos euros
- Que la rotura esté situada a más de 6 cm del borde del parabrisas
- Que la rotura no se encuentre en la línea de visión del conductor. Se trata de un área de aproximadamente 30 cm de ancho que está centrada en la mitad del volante
¿Cómo es el proceso?
Teniendo en cuenta estos condicionantes la reparación se realiza generando vacío en al rotura para retirar el aire contenido para luego inyectar a presión una resina líquida transparente que rellena la rotura, como es el caso de la empresa Carlunas o Casglass. Por su parte, Glassinter ofrece una tecnología propia, desarrollada desde 1992 junto con la Facultad de Químicas de la universidad de del País Vasco, cuyo procedimiento de reparación es similar al anterior, pero el sellado de la rotura, incluso de grietas de hasta 30 cm, se realiza con una pasta de microcristal.
Parabrisas “nuevo” en 30 minutos por 90 euros
La reparación del parabrisas es un procedimiento que disimula hasta en un 95 por ciento la apariencia del área dañada, reestructura la fortaleza del cristal y evita que el daño se extienda aún más. Esta posibilidad no solo nos libra del gasto de cambiar un parabrisas (o a la aseguradora), sino que además ahorra tiempo. La mayoría de las empresas ofrecen el servicio de reparación en 30 minutos y en el lugar que elija el cliente, sin necesidad de llevarlo a taller. Ronda los 90 euros, pero el precio final dependerá de si la rotura es un impacto o una grieta y del tipo de cristal. Hay que tener en cuenta que las lunas traseras y las laterales no admiten reparación. En cuanto al precio de sustitución, el precio también variará según el tipo, el tamaño y si es lateral, frontal o trasero.
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