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El nuevo vehículo se mueve gracias a una compleja tecnología denominada "EyeDriver" que, mediante un complejo entramado electrónico, permite que el movimiento de las pupilas esté directamente conectado con las ruedas delanteras del coche, que son las que se encargan de controlar la dirección.
El coche fue presentado el 25 de abril, con un gran despliegue mediático, en el aeropuerto de Tempelhof, donde se realizó una demostración de sus posibilidades.
Para conducirlo es necesario que el chófer del vehículo se coloque un casco que incluye un cristal-espejo capaz de reconocer el movimiento de las pupilas. El ingenio, que tiene un aspecto un poco inquietante, lleva un láser giratorio a 360 grados que emite 64 rayos, cuya función es la de detectar y comunicar a un ordenador la posición de los objetos que hay a su alrededor. El "Spirit of Berlín" incluye también tres antenas, varias cámaras y sensores. Un ordenador procesa el entorno en el que se mueve el vehículo, incluidas las líneas que marcan los distintos carriles y reconoce las señales de tráfico.
Tan solo una mirada
El movimiento de los ojos se convierte en el volante del coche que guía su dirección, siempre y cuando ningún objeto entorpezca la trayectoria, dado que entonces el "Spirit Of Berlín" frena de manera automática. Así, la nueva tecnología podría evitar que personas que cruzaran por delante de los autos fueran atropelladas.
El invento abre un mundo de posibilidades de conducción a personas con alguna minusvalía física, como por ejemplo los que no tienen brazos.
Invento alemán dirigido por un mejicano
La tecnología ha sido desarrollada por un equipo de la Universidad Libre de Berlín, encabezada por el profesor mejicano Raúl Castro, en colaboración con la empresa SensoMotoric Instruments.
Aunque todavía seguirán con las investigaciones para mejorar la calidad y las propiedades del "EyeDriver", el fin último es conseguir el "autoautónomo", un coche en el que no haga falta un conductor.
El nuevo vehículo ha costado alrededor de 150.000 euros, pero se prevé que en un futuro el coste de la tecnología sea menor y pueda ser asequible para quienes lo necesiten. El profesor explicó que, en 30 o 40 años, los autos autónomos serán "el futuro" porque "serán mucho más seguros".
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